El amor es la emoción más compleja. Los seres humanos son imprevisibles. No hay lógica en sus emociones. Donde no hay lógica no hay pensamiento racional. Y donde no hay pensamiento racional puede haber mucho romance, pero también mucho sufrimiento.

lunes, 21 de enero de 2013

Papel secante.

Atraviesa ya la cortina gris, deja de pensar, nunca estás aquí. Encuéntrame al salir de tus juegos de azar, empiézate a reír y dame de fumar. Y en mi corazón no busques nunca una razón, sólo de vivir siempre fuera de control. Y acompáñame si quieres hacer que me sienta bien, y ponte del revés si quieres hacer que te sienta bien. Me sube y me siento encima de las nubes, me cuentan que tienes ganas de tormenta. Qué importa si las noches se nos hacen cortas. Me mira y hasta las palabras se me olvidan. Y cuando sale, el sol, empieza a bailar, y cuando ríe, el mundo entero me da igual. Y al despertar se acabó la primavera y al día siguiente la cabeza no me deja de girar, repetiremos un sábado cualquiera, nos hablarán las estrellas en cualquier lugar.

Confesiones de una compradora compulsiva.

"Un hombre jamás te va a querer ni te va a tratar tan bien como una tienda. Además, si al final no te gusta, no puedes cambiarlo una semana más tarde por un jersey de cashmere. Una tienda siempre huele bien. Una tienda puede despertar en ti unos deseos irrefrenables por cosas que ni siquiera sabías que necesitabas".

¿Y quién no ha llorado alguna vez?


En momentos como este, suele la memoria acudir a los escombros del pasado y, en semejantes circunstancias, es la conciencia la que ha de acudir en tu auxilio. Con mayor perseverancia, si cabe, que tu propia fuerza de voluntad; donde quiera que se encuentre.
Todo para acabar lejos del baldón y la burla, ambos cercanos a una rendición vergonzante que nos lleva al llanto y sucesivamente a una coquetería trágica con lágrima, pañuelo y aire fresco.
Llorar es bueno, lo dicen por ahí, pero yo también creo que hacerlo en exceso nos perjudica. Las lágrimas que no se secan a tiempo penetran en la piel por esas líneas que desdibujan el rostro. Luego las arrugas se ensañan con las facciones y ahí ya estamos perdidos. Nos queda el consuelo frágil de que se invente el aparato o el poder divino que permita al hombre parar el reloj. Así nos ahorraríamos las consecuencias de los zarpazos del tiempo y convertiríamos en diana todo lo que atentase contra nosotros.
La gente se empeña en negar la existencia de estos malos momentos, por llamarlos de alguna manera. Por cortesía máxima, yo creo. Pero a mí eso no me pasa. ¿Acaso tengo que creerme que existen las personas que no lloran?
He tenido un pálpito de inteligencia, creo que esas personas necesitan de forma urgente un pálido oropel que las remede, o serán condenadas a la escombrera del olvido por los siglos de los siglos. Ciertamente, qué pena. Con lo que llorar limpia el organismo… Me refiero a ese tipo de personas que hacen caricaturas de sí mismos constantemente, “esos” que degeneran en “aquellos” a la espera de una rumbosa gratificación. Este tipo de gente merece obtener el aplauso, por gilipollas.
En más de una ocasión he notado que a estos individuos les falta pasar por la sartén: vuelta, vuelta y corriendo con el culo ardiendo al rescate de quien los necesite. Porque probablemente hasta ahora haya estado disfrazando lo que siente. Vistiéndolo y adornándolo como una verdad a medias que cuesta trabajo vocalizar una vez que te la meten entera en la boca.

¿Quieres?


Parece que lo único que consigue que vuelva a escribir son los momentos de rabia en el caos absoluto de una locura agorafóbica. Perdida en el mundo, de repente, y sin saber a dónde tirar. Puede ser real o no, pero todavía no entiendo la pasividad rencorosa que me observa cada vez que doy un paso en mi propio e intransferible beneficio. Me deportan a un estado sarcástico y me vuelven presa de un sentimiento de odio irascible a coste bajo.
Hace poco aprendí algo: todas las veces que tengamos un problema tenemos que respirar. Respirar es como pasar por el punto muerto cuando cambiamos de marcha al conducir. Entonces no puedes frenar sin respirar. Ni solucionar problemas, tampoco.
Todavía debo de ser joven para entender el ritmo lento pero sin embargo constante que adquieren los problemas para venir a mí. A veces, como anoche, no es que me olvide de pasar por el punto muerto sino que, cuando llego a él, me quedo inmóvil. Entiendo ahora el por qué de su nombre: Punto-Muerto. Y no sé qué hacer. Sin combustible no me quedo, pero cuando bajan las revoluciones sé cómo parar en seco, rendirme a la ley de la inercia y dejar que la vuelta al respaldo me coloque las cositas en su sitio. Auto-matemáticamente.
Lo que tengo bastante claro es que no he perdido facultades. Vamos a llegar tú y yo a un acuerdo. Espero que me entiendas. Entre líneas. Y luego seas ilegible como una biblia vieja, sin futuro y con el currículum de fracasos a la vista de todos. Puedes ir sentándote, por no decir arrodillándote. Todavía se puede caer más bajo. ¿Quieres?

sábado, 13 de octubre de 2012

Scusa ma ti chiamo amore.

+Álex: ¿Qué haces?
-Niki: Es tardísimo, tengo que volver a casa. Sigue durmiendo, tranquilo, cogeré un taxi, amor.
+Álex: ¿Qué has dicho?
-Niki: Dije que son las 2 de la madrugada, y que sigas durmiendo, que cogeré un taxi.
+Álex: No, quiero que repitas como me has llamado.
-Niki: Ah, ya, lo he dicho, amor... Perdona, si te llamo amor.
+Alex: ¿Perdona?
-Niki: Si te llamo amor.

No se puede tener todo.

El amor es una emoción demasiado fuerte como para ocultarla durante mucho tiempo. Niégalo y sufre las consecuencias. Admítelo y sufre las consecuencias. Destaparlo puede ser bochornoso o bien puede ser liberador. Y que sea una u otra cosa, son otros quienes lo determinan.

Tu circo.

Tú que pensabas que me iba a morir al verte con un nuevo maniquí, tú que pensabas que te iba a llorar y mírame vagando en este bar. Creíste que al decirme adiós iba a entrar en depresión, no vales tanto la verdad para ponerme tan emocional. Tú que creías que te iba a extrañar ahora me persigues sin parar, tú que apostabas que me iba a romper, vienes arrastrándote a mis pies, como un chicle sin sabor te escupió mi corazón, no me busques por favor que ya contigo todo termino. Tú fuiste quien me dijo adiós y ahora me pides perdón, ya no hay función, tu circo se acabó. Tus payasadas no me hacen reír, pienso que mejor te vas de aquí, ni te alucino ni te guardo rencor, pero ya no hay nada entiéndelo.